Martes 17 de mayo de 2011 – Río de Janeiro, Brasil / Ciudad de Panamá

Al día siguiente, en la mañana, nos despertamos temprano y conversamos bastante, Miguel y yo, haciendo algunos planes para el futuro inmediato, especialmente para el 2014 cuando lo comprometí a guardarme un lugar en su casa pues pienso volver para ver el Mundial de Fútbol que será en Brasil.

Roberta llegó poco tiempo después y los tres nos subimos al carro de ella para dirigirnos hacia el Aeroporto do Galeão, donde yo tomaría el vuelo para la Ciudad de Panamá, por COPA, a las 11:00 de la mañana.

El trayecto hasta el aeropuerto estaba bastante despejado por lo que llegamos sin ningún inconveniente. Roberta estacionó el carro y dos dirigimos a la terminal del Aeropuerto.

Estuvimos conversando un largo rato los tres, hasta que llegó la hora de la despedida, con mucho sentimiento y pensando que me había encontrado por primera vez con una de mis sobrinas, Roberta, y con su hija Luanda. Y que tengo la seguridad que ya no dejaremos de estar en contacto.

Nos abrazamos y al fin tuve que dejarlos…

Ticket Río de Janeiro-Ciudad de Panamá COPA

El vuelo salió en horario y durante el mismo continuó la excelente atención de COPA… vuelo muy tranquilo pero con mucho que pensar como balance de este importante viaje.

Comenzamos a sobrevolar la ciudad de Panamá con 10 minutos de anticipación a la hora programada. El aterrizaje muy suave y en poco tiempo estaba en la calle tomando un taxi para llegar a Albrook ytomar el bus para David. Ahora comenzaba a impacientarme por estar de vuelta en Bocas…

Subí al bus que salió como a las 10 de la noche y según el horario debería estar en David alrededor de las 5:00 de la mañana de este miércoles 18 de mayo. La verdad que dormí algo durante el trayecto. Pero ya es otro día.

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Lunes 16 de mayo de 2011 – Río de Janeiro, Brasil

Para este día cambié mis planes decidiendo hacer todos los paseos por mi cuenta, para no entorpecer lo que tuviera que hacer Miguel. De mañana temprano el día amaneció lluvioso por lo que decidí invertir mis planes, comenzando por recorrer los barrios de Ipanema y Copacabana yendo luego al Pão de Açucar.

Pensando en tomar el bondinho, comencé a caminar por su ruta pensando en llegar a tomar el desayuno en el super donde lo hice ayer domingo. Sin embargo, sorprendentemente, el bondinho llegó cuando yo estaba a sólo tres cuadras do Largo das Neves, así que esperé por él pensando en desayunar abajo… El bondinho paró a pocos metros de donde me encontraba y pude ver uno de los problemas del vehículo: alguien había dejado su carro muy cerca de las vías y no podía pasar sin hacerle daño al carro. Por suerte no estaba cerrado así que, entre el conductor del bondinho y un par de pasajeros lo movieron y empujaron hacia la pared para poder pasar.

Subí al bondinho y mi primer viaje de bajada comenzó. El ruido es fuerte por el roce de metal con metal y, en las curvas muy cerradas, va tocando una campana que suena muy metálica para avisar de su llegada… Lamentablemente, por estar lluvioso no pude tomar muchas buenas fotos.

Bajé al llegar a la parada final y crucé la calle para tomar un desayuno por allí mismo, un café con leche y un dulce. Ya estaba listo para continuar. A todo esto el día estaba mejorando así que comencé a caminar en dirección a la parada del bus que me había dicho Miguel me dejaría en Urca, en la vecindad del Pão de Açucar. Sin embargo a medida que fui caminando el tiempo volvió a empeorar y eso, unido al hecho que pasé frente a una estación de Metro, la de Cinelandia, me decidió a volver a la idea de ir primero a recorrer Ipanema y Copacabana… Bajé a la estación y sin ningún problema me subí al primer tren que llego con destino a Ipanema, cinco estaciones más allá de Cinelandia, donde bajé.

Salí a la calle a la altura del Parque Osorio e hice algunas tomas del Parque y de las calles y avenidas de la región de Ipanema, especialmente por la rúa Visconde de Pirajá. Luego me dediqué a ubicar un Café Internet para, una vez encontrado, poder hacer e imprimir mi pase de abordar para mi vuelo de regreso a Panamá, mañana al mediodía. Además necesitaba bajar la tercera parte del archivo Windows XP SP 3 para poder instalarlo en la computadora de Miguel.

Hice todo esto y luego me dirigí a la playa para revisitar ese hermoso lugar de Río de Janeiro.  El primer panorama me mostró que el día no era el mejor para hacerlo. Hacia el otro extremo de la playa, en Leblon estaba lloviendo indudablemente, el morro Dos Irmaos estaba cargado de nubes y casi imposible de ver. Frente a la playa, en el mar, las islas estaban algo iluminadas por un casi sol que les daba una mejor apariencia. Las olas, como siempre, estaban algo violentas, de un color verde plomizo por la falta del astro rey.

Comencé a caminar por la calzada frente a la playa tomando algunas fotos y videos, hasta llegar al final, allí entré a la avenida Nossa Senhora de Copacabana y anduve algunas cuadras por el interior del barrio admirando sus edificios señoriales y me dirigí nuevamente a la playa saliendo a Ponta do Arpoador, donde inicia la Praia de Copacabana. Estuve tomando algunas fotos y videos en la colonia de pescadores allí ubicada, observando un único surfista en un punto que es habitual de estos deportistas.  Las estatuas de personas famosas sentadas en los bancos y caminando por la calzada fueron otro de mis objetivos, y luego comencé a caminar observando los mosaicos del suelo de la calzada, con sus famosos diseños negros y blancos haciendo ondas, entrando en la arena de vez en cuando.

De pronto el tiempo comenzó a mejorar y salió el sol, un poco tímido al principio. Ya la vista cambió notablemente. En varios puntos algunos artistas habían construido esculturas utilizando la arena y, en uno de ellos, un vendedor de camisetas estaba ofreciendo su producto. Compré por fin mi camiseta de Río de Janeiro a un precio bastante bueno.

Continué un buen rato andando por la calzada hasta que me pareció que era hora de almorzar, así que me detuve en uno de los numerosos puestos de comida de esa playa. Pedí “camarões com queijo coalhado” y una ansiada caipirinha. No podía irme de Brasil habiendo tomado tan sólo una. Con mucha tranquilidad, un panorama insuperable de todo Copacabana al frente y del Pão de Açucar a mis espaldas y una comida deliciosa disfruté de esos minutos que permanecí sentado bajo una sombrilla como un momento que siempre recordaré. Indudablemente fue uno de los puntos más altos de mi viaje.

Terminé mi almuerzo y me dirigí nuevamente a la Avenida Nossa Senhora de Copacabana, dos cuadras adentro, para tomar un bus que me dijeron el 511, que se dirige a la Urca. Después de unos 10 minutos por esa Avenida el bus dobló a la derecha, al final de la misma, y se internó en el famoso barrio donde se encuentra el Pão de Açucar. Caminé dos cuadras y allí frente mío apareció la estación de otro de los famosos hitos de Río de Janeiro.

Compré mi pasaje después de haber saboreado un pequeño helado en un puesto al pie del morro y subí algunas escaleras para iniciar el primer tramo de los dos que componen el viaje al tope del Pão de Açucar: la subida al Morro da Urca. Desde allí en adelante el panorama se hizo espectacular en todas las direcciones. Lamentablemente, como una constante en todo mi viaje, el sol estaba en contra y las vistas en dirección al Cristo del Corcovado y a las playas de Botafogo y de Flamengo estaba difícil, especialmente para fotografía y video, por los brillantes rayos del sol reflejándose en el mar. Bajé del bondinho y recorrí caminando el tope del morro utilizando los senderos llenos de negocios especialmente de recuerdos y de comida y paré para hacer algunas tomas.

Subí al segundo bondinho, el que me llevaría directamente a la cima del Morro del Pão de Açucar, una roca pelada y enorme que se elevaba frente a nosotros inmensa y maciza. Cuando inicia su recorrido, colgando de cables de acero, parece que nos vamos a estrellar de frente contra el pero después, lentamente, va tomando altura y luego de pocos minutos entramos en la estación final. Allí descendemos y nuevamente nos encontramos en senderos avanzando por los cuales tenemos diversas vistas en todas direcciones de Río de Janeiro.

Ya a más altura fue posible divisar también el Aeroporto de Santos Dumond, donde llegué desde Belo Horizonte (se ve mínimo, comenzando y terminando en el mar) y de la Praia de Copacabana, donde hace un poco más de una hora me encontraba saboreando un rico almuerzo.

Estuve allí un buen rato disfrutando del paisaje, tomando fotografías, haciendo video y tratando de fijar en mi retina ese paisaje que no se encuentra en cualquier parte del mundo. Río de Janeiro es extraordinariamente hermoso y de allí la fama que lo rodea. Casualmente, por todas partes pude ver propaganda de un dibujo animado de Walt Disney que lo tiene como protagonista y que transcurre en esa zona y que, lógicamente, se llama “Río”.

Heché una última mirada a ese increíble paisaje y comencé el trayecto de regreso, el bondinho hasta el Morro da Urca y, finalmente, el otro bondinho hasta tierra firme, la Urca… Estoy seguro que todo esto no lo olvidaré en mucho tiempo. Espero, sueño, con volver algún día para hacer una Re-Revisita a Río…

Entonces comencé mi odisea para volver a Santa Teresa, me informé de los buses y se me estaba haciendo algo complicado hasta que encontré un bus que pasaba por el Largo da Gloria, lugar mencionado por Miguel durante una de nuestras excursiones por el centro de Río.

Subí, le pedí al chofer que me avisara y pasó el tiempo hasta que llegamos al fin del recorrido, la Estação Central. Me dí cuenta que el tipo se olvidó de avisarme… Bajé y recordando que allí había una estación del Metro, entre en la estación y pregunté en que estación debía bajarme para llegar a la terminal del bondinho de Santa Teresa, pues no estaba seguro si era en Cinelandia o en Gloria.

Alguien me dijo que en la estación Gloria, aunque yo presentía que era Cinelanda porque por allí habíamos andado con Miguel el  día que bajamos del bondinho… Pero hice caso y me bajé en el Largo da Gloria… que error.

Estuve caminando como por media hora por las calles del centro de Río hasta llegar a la estación ¡Cinelandia!, desde donde sólo tuve que andar unos 300 metros para llegar al bondinho, subirme a él y volver a Santa Teresa y a la casa de Miguel. A todo esto ya eran como las 8 de la noche cuando, en el momento de comenzar el regreso desde Urca, eran  algo menos de las 6 de la tarde…

Le conté a Miguel todo esto y se rió bastante aunque tuvo que reconocer que logré volver sin otros inconvenientes que mucha variedad de transportes y caminadas largas.

Al llegar estaba allí una de sus nietas, Luanda, de unos 8 años, muy bonita y muy coqueta, pidiéndome que le tomara fotos, cosa que hice con el mayor placer… Ella se puso encontacto por teléfono con su madre, una de las hijas de Miguel (mi sobrina), Roberta, que se encontraba en la universidad y prometió pasar por la casa de Miguel para conocerme y planificar la ida al aeropuerto del día siguiente, pues ella me llevaría hasta el Aeroporto do Galeão, junto con Miguel.

Un poco más tarde, como a las 10 de la noche, llegó Roberta y por fin conocí una de mis tres sobrinas (las otras dos están en España y los EEUU). Muy bonita también y simpática, me dio mucho gusto conocerla y conversamos un poco y luego arreglamos para salir al día siguiente como a las 9:00 am para el aeropuerto.

Cuando se fue Roberta con su hija, nos quedamos conversando un poco más con Miguel y luego nos acostamos. Yo estaba bastante cansado de tanto trajín en el día, así que me dormí casi inmediatamente.

 

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Domingo 15 de mayo de 2011 – Río de Janeiro, Brasil

Me levanté como a las 7:00 am, Miguel se despertó pero, al decirme que había regresado como las 3:30 am le dije que siguiera durmiendo pues iría a dar unas vueltas por el barrio y tomar fotos. También, sin mucha esperanza, esperaba poderme tomar un café en cualquier lado. El día estaba perfecto, sin una nube en el cielo.

Salí a la calle, subí la ladera y me encontré en la pequeña plaza (Largo das Neves) donde termina el bondinho y el bus. De allí partí caminando por la misma calle en que viaja el tranvía y durante unas 8 cuadras paré para tomar fotos de algunas de las casas y sus mejores detalles. Muchas casas ostentan fechas de comienzos del siglo 20 (alrededor de 1910)… No se parecen en nada a las de Bocas del Toro de la misma época.  Estas están construidas en cemento y tienen detalles hechos con el mismo cemento o con yeso.

De pronto, recordando que estamos en una zona muy alta de Río, me asomé por un hueco entre varias casas y allí, un poco más arriba de nosotros, perfilándose sobre el horizonte, se encontraba el Cristo del Corcovado, observado de atrás y medio de lado… Tomé varias fotos y seguí adelante.

Y el milagro sucedió: en una esquina me encontré frente a un mínimo mercadito con una panadería y, sobre la acera, un lugar donde tomarme un café. Pedí un café con leche y un dulce y me dije, por fin puedo tomar un desayuno a mi gusto… Porque Miguel, un fanático de las hierbas, no tiene café en la casa ni como hacerlo, sólo un frasco de café instantáneo que yo no deseo tomar ahora. Otra sorpresa, mi desayuno me costó sólo R$ 1.90 ($ 1.20).

Ya más reconfortado me volví hacia la casa y me quedé un tiempo en el Largo das Neves, donde hay unos cómodos bancos, tomando algunas fotos más, inclusive de aviones que, provenientes de Santos Dumont, pasan constantemente sobre el lugar. Continué con fotos de la Iglesia de Nossa Senhora das Neves, ubicada allí, nada muy especial, sólo el exterior bastante antiguo.

Finalmente descendí la ladera y regresé a la casa donde esperaba cargar la batería de la cámara y luego despertar a Miguel para irnos a algún lugar.

Salimos como a las 10:30 am bajando la ladera y llegando a la calle inferior tomamos el primer bus hasta el centro y luego otro hasta Cosme Velho, de donde sale el bondinho que sube al Cristo del Corcovado. La fila era realmente enorme y cuando llegamos a la boletería, nos tocó turno para subir en el vehículo de las 1:20 pm. Como teníamos una hora y media hasta que nos tocara ese turno, fuimos a almorzar a un restaurante cercano y a seguir a un café internet vecino, para bajar el SP3 de Windows XP para Miguel.

Llegando la hora, tuvimos que interrumpir el trabajo, y nos dirigimos nuevamente a la estación del bondinho y nos subimos al que nos tocaba, que comenzó inmediatamente a subir en dirección al Cristo. El camino, pasando a través de la Floresta da Tijuca, un área protegida ubicada en pleno Río, nos adelantaba en un par de lugares, una visión de lo que veríamos más adelante: un mapa perfecto de los barrios entre el morro del Corcovado y el mar, con todos sus atractivos.

Al llegar a la cima, descendimos del bondinho y nos dirigimos, muchas veces subiendo escaleras, pero siempre con algo en común: una verdadera multitud. Gente por todos lados, en todos los rincones, en cada lugar desde el que se podía ver el paisaje hacia abajo. Por suerte el Cristo es muy grande y elevado y por eso mismo está a la vista de todos por más apiñados que se encuentren.

Varias tiendas venden de todo tipo de recuerdos y un restaurante se encuentra en uno de los balcones con una vista espectacular, todos con precios fuera de contexto, lo cual es lógico por ser un sitio turístico. El hecho de ser domingo no hizo más que agregar aún más gente a la multitud.

Estuvimos allí, Miguel y yo, alrededor de dos horas y comenzamos el regreso, descendiendo hasta la estación terminal del bondinho del Corcovado a fin de subirnos al próximo, que tuvimos que esperar por una media hora. El trayecto de regreso a la terminal se desarrollo normalmente y tomó los habituales 20 minutos.

Una vez en la calle nos dirigimos de regreso al Café Internet para continuar con la bajada de los tres archivos, pero sólo conseguimos bajar uno más hasta que cerraron. Por esa razón pensé dejar para el día siguiente la bajada de la tercera y última parte del archivo.

Tomamos luego un bus hasta el terminal del bondinho de Santa Teresa, y aunque era ya casi de noche, había bastante turistas intentando llegar al barrio donde vive Miguel pero conseguimos montarnos. Lamentablemente ya estaba muy oscuro para tomar fotos o filmar, así que lo dejé para el día siguiente.

Nuevamente conversamos bastante y, planificamos para el día de mañana que yo saldría sólo y trataría de hacer el Pan de Azucar más Ipanema y Copacabana.  Por fin nos fuimos a dormir…

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Sábado 14 de mayo de 2011 – Río de Janeiro, Brasil

Me desperté oyendo la lluvia golpeando en el techo y, después de lamentarme, me volví a dormir para despertarme mucho más tarde, encontrándome sólo en la casa. Miguel, en efecto, me había anunciado la noche anterior que esa mañana iría a una feria orgánica de compras…

En realidad no demoró mucho en volver, como a las 10:00 am, y como no estaba lloviendo, decidimos salir a caminar para hacer algunas compras, un par de cosas para mí (un camiseta y regalos) y un teclado y un mouse para tratar de corregir algunos defectos de la laptop de Miguel, un viejo modelo Vaio, que tiene muchos problemas con el teclado especialmente.

Bajamos la ladera desde el barrio de Santa Teresa, donde vive Miguel, y, caminando llegamos al nivel de una avenida que pasa frente al Sambódromo, y luego a una parada tomamos un bus con el que nos dirigimos al centro, al sector de Río que ellos llaman Sahara, un barrio de comerciantes árabes donde era posible conseguir de todo a precios bastante baratos…

Comenzamos a recorrer calles y un mercado de pequeñas tiendas en busca de una camiseta de Río, pero no me convenció ninguna; es más, las únicas dos que me convencieron no había de mi talla. Continuando con nuestro recorrido, después de regatear un poco, compramos un teclado y un mouse por sólo $ 20 (los pagué en dólares)… una verdadera ganga. Me parece mentira hablar de gangas en Brasil, pero en cuanto te alejas un poco de los polos turísticos las cosas cambian notoriamente.

Luego de eso y de tomar fotos y videos del barrio, almorzamos en un restaurante árabe, no muy barato, donde comimos una pasta de arvejas con pan árabe como entrada y luego una especie de espeto de carne molida y una “abobrinha recheada” cada uno… Nada del otro mundo, pedimos un postre muy simple que nos repartimos y un cafe cada uno… Todo nos costó como R$ 75.00, unos $ 50.00… sin palabras.

Salimos de la  Sahara y nos dirigimos por las calles principales del centro a tomar fotografías y videos de los edificios más hermosos que se encuentran en la zona, destacándose el hermoso Teatro Municipal, recién restaurado, y por ello algo fuera de serie.

También visitamos (por fuera) varias iglesias y otros edificios, uno de los cuales había sido restaurado por Miguel… realmente me gusta mucho lo que está haciendo ahora, de trabajar en la restauración, junto con otros colegas, de algunas de las joyas arquitectónicas de esta hermosa ciudad y que se estaban perdiendo poco a poco…

Decidimos tomar el famoso “bondinho” para volver a Santa Teresa pero cuando llegamos a la estación nos encontramos con una enorme fila de turistas esperando para hacer el recorrido cuesta arriba, con unas vistas impresionantes de diversos sectores de Río… Por lo tanto resolvimos dejar ese viaje para otro día en que hubiera menos turistas (posiblemente el lunes) y fuimos en busca de un bus que nos dejaría en la plazoleta a donde llegamos la noche anterior en taxi.

Al llegar a la casa yo me puse a pasar las fotos y videos de la cámara fotográfica a la laptop y también a copiar cd’s de música brasileña de Miguel… Paralelamente intentamos instalar el teclado y el mouse que compramos y, a pesar que todo anda mejor, parece que hay problemas con el sistema operativo, por lo que decidimos bajar un Windows XP de internet, posiblemente mañana, y comprar un par de convertidores para el mouse y el teclado…

Miguel salió a encontrarse con alguien y aproveché a quedarme solo para continuar con esta crónica. Para mañana trataremos de irnos para el Corcovado bien temprano y rogando porque el tiempo mejore…

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Viernes 13 de mayo de 2011 – Belo Horizonte/Río de Janeiro, Brasil

Ticket Belo Horizonte-Río de Janeiro TAMAlguien ha avisado siempre contra los viernes 13, sin embargo a mí el 13 siempre me ha dado suerte, por lo menos hasta ahora. Me desperté temprano pensando en las pocas horas que me quedaban en Belo Horizonte, trabajé por una media hora con el computador y luego fui a desayunar, como siempre con una excelente atención.

Hoy salí del hotel más o menos temprano, con la idea de revisitar Sabará, una pequeña población con algunas iglesias alucinantes (me recuedan mucho a la de San Francisco de la Montaña, en Veraguas), llenas de adornos estilo rococo, aunque aquí es casi puro láminas de oro.

Pagué mi cuenta en el Hotel Sao Bento, fui a buscar el carro en el estacionamiento y pregunté por la mejor forma de llegar a Sabará. Por tercer día consecutivo me pareció haber entendido todo y en unos pocos minutos andaba deambulando por las calles de Belo Horizonte, perdido hasta la cabeza. Insisto en afirmar que BH es una de las peores ciudades para orientarse. Los avisos están en lugares equivocados, casi siempre en el mismo lugar donde debes doblar, y con el enorme tránsito eso es una aventura imposible, así que sigues un poco más, doblas a la izquierda o a la derecha para hacer un retorno y, ya está, te perdiste nuevamente y saliste a cualquier lado.

Pasé más de una hora tratando de encontrar el camino para Sabará y en todo el trayecto sólo ví un letrero con la indicación, pero como un par de cuadras aparecieron bifurcaciones, carreteras elevadas y desvíos sin ninguna indicación y terminas adivinando, casi siempre el camino incorrecto.

Como tenía hasta las 11:30 am para devolver el carro, mi plan era visitar Sabará, las dos o tres iglesias que allí existen, y luego buscar como llegar al Aeropuerto de Confins donde dejaría el carro y luego esperaría 8 horas por el vuelo a Río.

Eran las 9:30 am cuando había decidido abandonar la búsqueda de Sabará y irme directamente al aeropuerto cuando, de pronto, me encontré nuevamente con un par de carteles indicando la dirección correcta para visitar el poblado colonial. Esta vez me puse a preguntarle a más personas y poco a poco encontré la carretera (de unos 25 kilómetros) y la seguí hasta el final.

Al llegar a Sabará me di cuenta que no tenía mucho tiempo para andar visitando iglesias y elegí la Iglesia Matriz, la que tiene un acervo histórico más importante. Desde afuera me pareció como algo descuidada y efectivamente la estaban limpiando por dentro y por fuera. También, como es común en las iglesias mineiras, estaba el cartel “Proibidas as fotografías” pero esta vez fui prevenido y logré tomar tres o cuatro fotos y algo de video, arrodillado en un asiento y escondiendo la cámara.

Al terminar salí y continué tomando fotos del exterior de la iglesia y de sus alrededores. Comprendiendo que el tiempo se me iba muy rápidamente, decidí irme para el aeropuerto. Hice por lo tanto los 25 kilómetros de vuelta y tuve la suerte de que, con un poco de casualidad, esta vez, con un par de preguntas en el camino, no me perdí y pronto tomé la carretera que se dirige a Confins, otros 30 kilómetros.

Pasé ráudamente frente al aeropuerto y unos 5 kilómetros después llegué al poblado de Confins, vecino del Aeropuerto. Allí completé el tanque del carro con etanol y retrocedí al aeropuerto, donde hice entrega del carro, casi a la hora exacta, y me dirigí al balcón de la TAM para ver si conseguía adelantar mi vuelo, pensando que una vez en Río llamaría a Miguel para que me fuera a buscar.

Conseguí un lugar en un vuelo que saldría a las 13:51, es decir en menos de una hora, y me dirigí al lugar de embarque. Allí comenzaron los problemas.

Al acercarse la hora de salida del avión llegaron los rumores de que en Río de Janeiro estaba lloviendo muy fuerte y que el vuelo estaba atrasado. Efectivamente, eso ocurrió, dieron dos nuevos horarios y finalmente lo cancelaron…

Antes de ser cancelado, la empresa nos pagó el almuerzo en un restaurante en el piso superior. Aproveché para comer nuevamente comida mineira junto con abundante ensalada. Mientras la mayoría de los pasajeros almorzaba, cancelaron el vuelo.

Con toda la gente esperando eso resultó en un pequeño escándalo, con algunos gritos, gente enojada y establecimiento de un plan para enviar a toda la gente en otros vuelos. Yo, hablando aparte conseguí colocarme en un vuelo que saldría a las 20:30 (8:30 pm)… es decir volví al vuelo originalmente programado y reservado. Mientras esperaba, hablé con Miguel por skype y le conté las novedades.

Luego el vuelo fue retrasado hasta las 21:00 y por fin salió en este ultimo horario. El vuelo se realizó sin problemas y al acercarnos a Río surgió ese inmenso panorama de las luces nocturnas sobre Niteroi y la Bahía de Guanabara. Luego el avión giró casi en U y, pasando a la izquierda del Corcovado primero y del Pão de Açucar después, aterrizó en el Aeroporto de Santos Dumont, en pleno centro de Río de Janeiro.

Pasamos tan cerca del Corcovado con su Cristo Redentor totalmente iluminado, como del Pão de Açucar, que lamenté no tener la cámara a mano para poder fotografiar ese espectáculo nocturno.

Al salir del aeropuerto me estaba esperando Miguel, mi único hermano, al que no veía hace diez años, y nos confundimos en un abrazo.

Quería tomar un taxi pero, a pesar que estaba lloviendo, nos fuimos caminando en busca de un bus hasta una parada que se encontraba como a 10 cuadras del aeropuerto, un bus que nos llevaría hasta el barrio de Santa Teresa, donde pasaré mis siguientes cuatro noches, en la casa de Miguel.

Anduvimos por las calles mojadas y lluviosas de Río conversando animadamente, como recuperando el tiempo perdido, y al llegar a la parada nos encontramos con que el próximo bus saldría sólo en una hora. Para entonces eran las 22:40 de la noche (10:40 pm).

Continuamos caminando en busca de un taxi que nos llevara pero no tuvimos suerte hasta que en una parada nos subimos a uno y cuando ya estábamos andando le fuimos indicando nuestro destino, no muy querido por ellos para viajar a esa hora y así llegamos a nuestro destino, una pequeña plazoleta donde llegan cuatro calles y por una de ellas bajamos por una ladera empinada asfaltada con piedras y llegamos por fin a su casa…

Es indudablemente la casa de un hombre y peor, de un artista multifacético. En el mayor desorden se pueden encontrar por toda la casa libros de arte, de arquitectura, de historia, y otros rubros, así como una cantidad importante de cds y casetes de música, y en todos los rincones herramientas y elementos que Miguel ha usado y sigue usando para construir sus obras de arte.

La casa ocupa la parte superior de un edificio de tres plantas al que se entra por dos lugares, la superior por una calle y las dos inferiores por otra. Maravillas de las construcciones en cuestas… Las dos plantas inferiores están ocupadas por su ex-pareja y una de sus hijas. Las otras dos hijas producto de esa unión, Manuela (Manu) y Elena viven en España.

La casa (superior) consta de una salda de estar donde abunda de todo menos lugares para estar, una cocina, un baño y un dormitorio, con una cama de colchón inflable, donde duerme Miguel, y un sofá cama donde dormiré yo.

Continuamos conversando animadamente hasta que el cansancio nos derrotó y nos acostamos, yo por lo menos quedando dormido de una vez.

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Jueves 12 de mayo de 2011 – Belo Horizonte, Brasil

Llegó el día más esperado de mi aventura por Minas: la visita a Ouro Preto, una ciudad mineira declarada “Patrimonio Histórico de la Humanidad” por la UNESCO. Por suerte el día amaneció soleado y pude salir, no sin cierta dificultad, como de costumbre, de la ciudad en busca del trío que me había fijado como meta para ese día: Passagem de Minas y su mina de oro, Mariana, la ciudad más antigua de Minas Geraes, y Ouro Preto de indudable fama internacional.

Nuevamente sobre la BR 040, se andan unos 25 kilómetros hasta encontrar un desvío por la Rodovía MG 262, cubriendo en total una distancia de 105 kilómetros hasta Ouro Preto y 125 hasta Mariana.

A partir del desvío pasamos por las poblaciones de Itabirito, donde tomé fotos y video en la feria de artesanías mayormente basada en pedra sabao y metal, luego por Amarantina, donde intenté llegar al Museo de la Inconfidencia, pero estaba cerrado, seguí entonces hasta Passagem de Minas, arribando a la mina de oro, no en operación, allí ubicada y que permite la entrada a turistas.

Llegué a la mina en unos pocos minutos y estacioné el carro afuera de sus instalaciones. Me dirigí a la administración, en una casa antigua, y compré un ingreso para hacer el tour por el interior de la mina.

Un guía se me acercó y juntos nos dirigimos a un carrito con asientos de madera, totalmente abierto y la base de hierro, incluyendo las ruedas que se deslizarían por vías que, ubicadas sobre una ladera, nos llevarían en una pendiente de unos 20 grados, hacia el interior de la mina. Lógicamente el carrito está enganchado con un grueso cable de acero que es manejado por una gran polea que procede a dejarlo bajar (soltando cable) o a hacerlo subir (enroscando el cable).

El descenso a la mina fue un poco traqueteante y por fín nos sumergimos en su interior, donde la vía se deslizaba entre las paredes de piedra con algunas luces a lo largo del trayecto, hasta que llegamos al punto final del viaje, donde nos bajamos del carrito y luego comenzamos a caminar, el guía explicándome todo lo referente a la explotación y a la posterior adaptación del sitio al turismo.

Nos encontramos con un gran grupo de estudiantes y, mientras el guía me explicaba como reconocían el oro, por los minerales que usualmente lo acompañan, nos fuimos en otra dirección dentro de la mina para encontrarnos con una parte que, hacía algunos años atrás había sido sumergida por una rotura y que hoy es utilizada por buzos para hacer cursos de buceo en cavernas… interesante. Le conté al guía que yo era buzo y ahí entonces fui yo quien le explicó algunas cosas acerca de esa actividad pues el estaba muy interesado en conocerla.

Volvimos al lugar donde se encontraba el carrito y nos subimos junto con parte del grupo que habíamos encontrado antes. Quedé muy contento con la capacidad y el profesionalismo del guía por lo que lo gratifiqué con una propina…

Después de algunas fotos en el exterior de la mina, recogí el carro y me dirigí a la segunda etapa de mi recorrido de ese día: Mariana.

A unos 20 kilómetros de Passagem de Minas entré en Mariana, la población más antigua de Minas Gerais, un coqueto pueblito con calles de piedra y numerosas muestras de la arquitectura colonia y post colonial portuguesa, además de sus hermosas iglesias con detalles de estilo barroco mineiro. Sin embargo, como siempre, no se me permitió tomar fotos ni video en ninguna por lo que opté, en vista de que cobran en todos lados sólo por entrar, no visitar los interiores de las iglesias. Eso lo aplicaría también a mi visita de Ouro Preto. Confiaba en recuperar algunas fotos que seguramente tengo en algún lado de mi casa, de la época en que visité todos estos sitios años atrás.

Anduve por el pueblo tomando abundantes fotos y videos, tanto de sus calles, de sus casas, como de sus iglesias, y una vez ya satisfecho me dirigí a la salida del pueblo y tomé la carretera hacia Ouro Preto.

Llegué a la ciudad donde se daría mi visita estelar como a la 1:30 pm y lo primero que hice fue almorzar en un pequeño restaurante frente a la Praca Tiradentes, donde saboreé nuevamente la comida mineira, especialmente “feijao tropeiro” y diversas carnes asadas.

Ya con el estómago lleno, partí en busca de fotografías de los mejores lugares tanto de panorámicas, para las cuales Ouro Preto es muy especial pues está construido totalmente acompañando las numerosas colinas que componen su terreno, como del Museo Tiradentes como de las Igrejas Matriz de Nossa Senhora do Pilar, Sao Francisco de Assis y otras.

Partí de Ouro Preto medio satisfecho aunque el hecho de no poder tomar fotos ni videos en el interior de las iglesias, no sólo de aquí sino de todo el recorrido me ha hecho sentir como estafado. Repito: justifico que no se pueda usar flash pero no justifico que cobren por entrar en una iglesia católica sólo para ver y rezar, va contra mis principios religiosos. Si al menos se pudiera tomar fotos y videos habría alguna justificación… La excusa que se ofrece de que el Gobierno prohibió hacer eso para evitar los robos, me parece totalmente ridícula y tardía. Fotos de los interiores de esas iglesias hace muchos años que pasean por todas partes y con el advenimiento del internet, están a disposición de quien las desee.

Para el gobierno brasileño: es falta de criterio, estar fuera de la realidad y atentar contra el propio turismo. Yo decidí no pagar un centavo más por entrar a una iglesia (los ingresos variaban entre 2 y 7 reales por persona) más por principios que por otra cosa.

Volví hacia Belo Horizonte primero por la estrada MG 262 y luego la BR 040. Al llegar a Belo Horizonte, ya casi de noche, me enfrenté por último día con las dificultades de encontrar mi camino hacia el hotel. Mañana ya la única dificultad sería salir de Belo Horizonte.

En el hotel trabajé en Internet por una hora y media, terminé de comer el souflé de aceitunas y me acosté a dormir viendo algo de televisión.

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Miércoles 11 de mayo de 2011 – Belo Horizonte, Brasil


Después de desayunar tuve que andar un poco por los alrededores del hotel para cambiar dólares pues ya no tenía más reales (reais). Para ello esperé que una casa de cambios abriera, a las 9:15 de la mañana, pero la espera valió la pena porque conseguí un cambio mucho mejor que el que me había ofrecido en el aeropuerto al llegar, que no acepté porque me pareció muy poco (1.50 reales por dólar). Aquí conseguí 1.60 reales por dólar.

Volví al estacionamiento a buscar el carro, que tenía en régimen de trasnoche, y debido a que el día amaneció nublado, decidí invertir el orden de las visitas a las ciudades históricas. Hoy haría Congonhas y mañana Passagem de Minas, Mariana y Ouro Preto, dejando Sabará para el día de mi partida, pasado mañana, en la mañana.

La salida para Congonhas, vía BR 040, no fue fácil, pues las vías rápidas de Belo Horizonte no están muy bien señalizadas y demoré cerca de 40 minutos en encontrarme en camino.

Poco después del inicio de la carretera paré en un supermercado y me abastecí de algunas cosas que necesitaba (shampoo, horas de afeitar, agua) y de otras que no necesitaba tanto: castañas de pará, un souflé con aceitunas, media docena de panes mineiros…

Seguí mi camino hacia Congonhas en una carretera con un tránsito moderado (esta carretera es la vía de comunicación entre Belo Horizonte y Río de Janeiro), y a la altura de la mencionada ciudad, como a unos 55 kilómetros del inicio, salí de la carretera y comencé a recorrer los últimos 8 kilómetros hasta Congonhas.

Inmediatamente de entrado en la ciudad anduve tomando fotografías de las calles y sus casas, de hermosa arquitectura antigua y paré en un restaurante para comer algo.

Luego busqué el Santuario de Bom Jesús de Matosinhos, famoso por las esculturas de los apóstoles hechas por O Aleijadinho, traducido significa “el impedidito”, pues este artista era lisiado.

Otro atractivo del lugar son las 6 Estaciones de la Pasión de Cristo y lo exquisito de su interior y al encontrarlo una ligera emoción me cruzó por dentro: hacían exactamente 33 años que había estado aquí por última vez.

Todo parecía igual así que me dirigí hacia el Santuario y por unas largas dos horas estuve tomando fotos del edificio de la iglesia así como de las estatuas de los 12 apóstoles con los rasgos típicos de las creaciones do Aleijadinho.

Luego me dirigí hacia la zona donde se encuentran, pendiente abajo, las 6 estaciones de la Pasión de Cristo, en el interior de pequeños mausoleos con una puerta que permitía ver el interior, donde las estatuas,  nuevamente del Aleijadinho, representan a lo sucedido en dicha estación. Traté de tomarlas tanto en fotografías como en video, en el orden adecuado para después montarlas como una secuencia más fácilmente.

Para finalizar mi visita a Congonhas, me subí al carro y me dirigí hacia la salida del pueblo cuando, a mi izquierda en un alto, ví unas construcciones de la misma época y me recordé que ese era otro motivo de la visita: la Romería.

Descendí del carro y subí los escalones hasta donde se encontraba, en realidad a corta distancia del Santuario, una construcción en forma de rueda, con entrada en uno de sus extremos. En su interior, numerosos puestos como los de una feria, vacíos por supuesto pues se utilizaban de noche, llevando los nombres de diferentes personas y negocios de la ciudad, cubrían el interior de ese círculo. De frente a la entrada, al fondo, un escenario hacía prever que allí se harían presentaciones artísticas y culturales. Es decir, esta romería es una especie de feria permanente…

Regresé al carro y ahora sí, partí para salir de la ciudad y dirigirme de vuelta a Belo Horizonte. En la rodovía BR 040 paré para tomarme un café y comprar un agua y seguí nuevamente hacia el problema que fue para mí, todos los días, conseguir llegar al hotel… Pasé como media hora dando vueltas en el tráfico hasta que algunas indicaciones me llevaron hasta la Rúa Dos Guaranís, el estacionamiento y luego el hotel.

Esa noche cené en la misma habitación parte del souflé de aceitunas, una delicia aunque un poco pesado, acompañado de agua mineral con gas. Estuve trabajando en el internet por un par de horas y me dormí viendo televisión.

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Martes 10 de mayo de 2011 – São Paulo/Belo Horizonte, Brasil

Me desperté teniendo aún la sensación de vacío que me dejó lo sucedido el día anterior y me preparé para encarar el vuelo a Belo Horizonte en la mañana. Empaqué los regalos que había llevado para Mariana, Michelle y Ze y se los dejé en la recepción del Hotel.

Con un taxi llegué hasta el Aeroporto de Congonhas  para luego tomar el vuelo para Belo Horizonte, que salió con un atraso de una hora. En mi mente decidí dejar São Paulo atrás, como una mala etapa de mi viaje, y encarar las nuevas aprovechando las experiencias y comparándolas con mis recuerdos de los mismos sitios.

Llegué a Belo Horizonte, nuevamente en un vuelo de TAM,  y recogí el carro que había reservado (un Celta de Chevrolet) y, tal como había planeado esa mañana, utilizando un mapa, decidí ir a visitar la Gruta de Lapinna, ubicada a pocos kilómetros del aeropuerto, antes de ir al hotel Sao Bento, donde tenía reserva por tres noches.

Creo que ese día no me perdí hasta llegar el momento de encontrar el hotel, ubicado en la Rua dos Guaranís, en pleno centro de Belo Horizonte. En el pasado, recorrí mucho estas carreteras y aún me recordaba. Además me ayudaba con un mapa.

Al llegar a la Gruta de Lapinha, después de la ciudad de Lagoa Santa, me encontré con la sorpresa que estaba cerrada al público pues estaban reparando el sistema de luces, así que sólo conseguí tomar fotos en la entrada y, bajando algunos escalones con permiso del cuidador, de la primera galería.

Ante la decepción decidí ir a visitar otra gruta, la de Maquiné, más o menos en la misma región pero mucho más lejos. Tomé nuevamente la carretera que me alejaba del Aeropuerto y de Belo Horizonte.

Viajé por una larga hora hasta llegar al poblado de Maquiné y, con la compañía de un guía, entrar en el sistema de cavernas, de 7 galerías en total. Es muy difícil de describir lo que ví, pero numerosas formaciones construídas por siglos y siglos de agua goteando, creando formas fantásticas y con nombres relacionadas con las mismas, algunas iluminadas con luz de color natural, otros con luces de diferentes colores…

Fue una experiencia revivida porque esto ya lo había visto hace muchos años atrás. Prueba de ello son algunas fotos antiguas que lo muestran. Sin embargo encontré un cuidado muy especial en caminos reconstruídos así como en un show de algunas formaciones con cambios de luces…

Recuerdo el elefante, el cactus, las dos damas bailando, las cascadas, las velas, los cabellos, las novias, etc. etc.

Salí nuevamente satisfecho, aprobé el trabajo del guía mediante una propina y partí de allí con destino a Belo Horizonte, para encontrar por primera vez el Hotel.

Bueno encontrar es una palabra muy grande, porque yo recorrí con el carro todo el centro de Belo Horizonte unas diez veces, durante más o menos dos horas, hasta que la casualidad (o la ley de las probabilidades) me puso en la calle correcta ya que se encuentra en la zona del centro, un verdadero dolor de cabeza.

Dejé el carro en un estacionamiento pago frente al hotel y entré en el Hotel São Bento por primera vez. Desde afuera me pareció un hotel de mala categoría, especialmente por el barrio donde se encuentra, la parte más fea de la ciudad, pero una vez pasada la puerta el ambiente cambia totalmente.

La atención ha sido excelente los tres días, el desayuno más que bueno y abundante y a pesar que tuve que pagar por el internet WIFI, no fue tanto como para llorarlo.

Lo malo ha sido llegar al hotel y salir en cualquier dirección que quisiera… siempre he perdido entre una y dos horas para ello, con el consiguiente gasto de gasolina.

En la esquina compré un par de pão de queijo y un agua con gas (había almorzado muy bien en la carretera), y me acosté viendo televisión, hasta que me dormí sin darme cuenta.

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Lunes 9 de mayo de 2011 – São Paulo, Brasil

Este fue un día perdido, pasé las horas esperando una llamada de Mariana, insistiendo en verla.

Sin embargo mi día transcurrió  viendo televisión, saliendo a caminar un poco al Shopping Morumbí y, finalmente ese mal día terminado con un mensaje de Mariana en Facebook diciendo que no podría encontrarme porque era muy tarde y aún no había salido del trabajo…

Me dormí totalmente decepcionado y desanimado…

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Domingo 8 de mayo de 2011 – São Paulo, Brasil

Desperté temprano con el ánimo algo mejorado y decidido a recorrer lugares vecinos a donde trabajé por varios años: la zona de la Praça da República, donde se encuentra el Citibank de São Paulo, en la esquina de São João e Ipiranga.

Salí del hotel y comencé a caminar preguntando por un bus y a unas diez cuadras por la avenida Giovanni Gronchi,  donde se encuentra el hotel, encontré un bus, en el cruce con la avenida Santo Amaro, que me llevaría al centro, luego de recorrer varias zonas de SP, como Ibirapuera y Avenida Paulista.

Bajé a unas cuatro cuadras de la Praça da República y caminando me encontré de pronto en medio de una feria franca, con todos los productos típicos de estas ferias y de esta región, llamándome mucho la atención la gran cantidad de puestos de venta de pescado.

Al abandonar esta feria franca, fui caminando hasta coincidir con la Avenida São João, después de pasar por el Largo do Arouche, subiendo hasta encontrar Avenida Ipiranga y allí, de frente, el Citibank. Está exactamente igual, parece que no hubiera pasado el tiempo. Tomé algunas fotos y continué por Ipiranga hasta el final de la Praça da República donde encontré la antigua feria de estampillas y monedas en una feria de artesanías enorme, con dos o tres puestos solamente dedicados al motivo de mi visita, las estampillas.

Como en el pasado estuve tomando fotos y videos y, por fin, paré para almorzar, hora de sacarme algunos gustos. Comencé en un puesto con una deliciosa empada de queijo y en un puesto de bahianos me deleité con una casquinha de sirí… claro, todo acompañado de caipirinha.

Abandoné la plaza poco después y comencé a subir por la São João en dirección al centro viejo con sus enormes edificios de arquitectura antigua. Tomé fotos del Teatro Municipal, en reparaciones y del Vale do Anhangabú, avenida hoy convertida en peatonal.

Deambulé por la Praça da Sê, con su algo extraña Igreja da Sê, comí un par de dulces en la calle y, ya cansado busqué un ómnibus para volver al hotel.

Volví entonces a Avenida Ipiranga y descubrí el Metro de São Paulo, que no existía cuando yo vivía en esa ciudad. Bajé y me puse a revisar con mucho cuidado si habría una forma de llegar a Morumbí usando este medio de transporte y, para mi sorpresa, encontré que habían creado combinando metro y tren, una red excelente que permite llegar casi a cualquier lado de la ciudad… pena que no lo conocí antes.

Mediante una combinación de metro, dos tramos diferentes y la conexión con una línea de tren, de pronto me encontré detrás del Shopping do Morumbi… a sólo dos cuadras del hotel.

Crucé por dentro del Shopping aprovechando para terminar de conocerlo y tomar algunas fotos y crucé la avenida para llegar al hotel…

Trabajé un poco con internet y, por fin, caí rendido por todo lo caminado durante el día.  De Mariana no tuve noticias.

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Sábado 7 de mayo de 2011 – São Paulo, Brasil

Salí  para el Aeroporto de Foz bien temprano para tomar el vuelo de TAM que me llevaría a São Paulo, donde anhelaba encontrarme con Mariana.

El vuelo en realidad era con una escala en Curitiba, donde había que cambiarse de avión, para luego seguir para São Paulo, después de un par de horas de tránsito en Curitiba.

Tickets Foz do Iguaçú-Curitiba (tránsito)

Ticket Curitiba (tránsito)-São Paulo

Llegamos a São Paulo un poco después de mediodía e inmediatamente tomé un taxi hasta el Hotel Formule 1, en el barrio de Morumbí. Un poco lejos pero Mariana me lo reservó y no quise desmerecerla.

Sinceramente, el hotel por el precio que me estaban cobrando ($ 70 diarios) me pareció ridículo: una habitación para tres personas, con una cama doble y una cama pequeña sobre la otra, en un espacio que una persona la llenaba toda… Con la excusa que es barato te cobran todo aparte, incluyendo desayuno, internet, etc. Claro es barato con relación a todo lo que cobran en São Paulo.

Encontré la ciudad mucho más grande de lo que la recordaba, especialmente la zona de Morumbí, hace muchos años atrás semidesierta y hoy llena de edificios y condominios.

Lo primero que hice fue cruzar la avenida frente al hotel y visitar el Shopping do Morumbí, un enorme mall de varios pisos en el que se podía encontrar de todo, pero a unos precios exorbitantes… Ni por un segundo me pasó por la cabeza la idea de cualquier compra, excepto tomar un cafecinho o comer un pão de queijo.

Volví al hotel, me recosté un poco y me quedé dormido pero cuando me desperté tenía una llamada de Mariana. La llamé por Skype y me comentó que me irían a buscar, junto con su novio e Isolete (su abuela), a las 9 de la noche.

Pasaron a buscarme por el hotel con el carro de Mariana y cruzamos medio Sao Paulo para ir a cenar en una pizzería parece bastante tradicional allí. Comimos pizza y tomamos vino tinto hasta que ya no podíamos más y luego,  me devolvieron al hotel.

Esa fue la única y última vez que ví a Mariana en los tres días que estuve en São Paulo. Valió la pena pero para mis expectativas fue insuficiente. Siento que, esta vez, no fui tan bienvenido como las anteriores, mucha cortesía casi forzada, especialmente de parte de Mariana. Con Isolete en cambio, fue una conversación muy amena. La ví bastante demacrada. Espero que resista aún a los años… es una excelente persona y siempre tendré recuerdos muy bonitos de ella.

No supe nada de Michelle y Ze, ni de Le y Charles, aunque debo reconocer que el día siguiente, domingo, era el Día de la Madre, cosa que yo no sabía cuando programé el viaje. Aún así Mariana me dijo que “a lo mejor” me vería el domingo en la noche y quizá el lunes después del trabajo. 

Me acosté a dormir pensando en mi relación con mi hija y cuánto se había ido perdiendo con el tiempo, mucho por mi culpa, pero sin un gran esfuerzo por parte de ella por acercarnos en estos últimos años. Yo fui a São Paulo pensando en un mayor acercamiento pero, para mi decepción, fue todo lo contrario.

Por eso cambié totalmente mis planes que irían a estar dedicados a compartir con ella mis días en São Paulo y decidí para el día siguiente ir a recorrer el centro, especialmente la Praza da República y su feria dominical, y tomar fotos de la edificación antigua. Después vería que haría.

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Viernes 6 de mayo de 2011 – Foz do Iguaçú, Brasil

Me levanté muy temprano, tomé un abundante desayuno, muy diferente del que recibíamos en el hotel del lado argentino, y salí caminando hasta la Terminal Urbana, para tomar el bus que me dejaría en el Parque Nacional do Iguaçu. Aquí también existe una única línea de buses que ahora me llevó en la dirección contraria a Itaipú. Iguacu es el final de la línea que, pasó primero por el Aeropuerto de Foz, lo que me vino bien para conocer el lugar de donde partiría mañana.

La visita a las cataratas del lado brasileño es mucho más corta que del lado argentino, así que, de acuerdo a lo que había calculado previamente, me sobraría tiempo para visitar otra atracción: el Mundo de las Aves.

El recorrido de las cataratas comienza con una salida en bus desde el Centro de Visitantes dejándonos en el primero de los dos sectores, el que nos llevó por diversos senderos dejándonos varias veces frente a los saltos, con una panorámica mucho más general que del otro lado.

Las vistas eran hermosas y las mariposas y los arco iris, fueron una constante del paseo.

El segundo sector del Parque es la visita a la Garganta del Diablo, directamente frente a la misma. Allí llegamos luego de caminar por pasarelas elevadas y, durante el último tramo, nos mojamos intensamente debido a la proximidad con el gran salto y a una cantidad enorme de gotas de agua en suspensión… tomé fotos en cantidades enormes, le tomé fotos a gente que me lo pidió (especialmente parejas) y también pedía para que me tomaran, aunque muchas las hice con mi propia mano.

Nuevamente aparecieron los coatíes por todas partes, en grupos que más parecían asaltantes que animales en busca de alimento.

Aquí compré una nueva camiseta de las cataratas, la primera la había comprado en el lado argentino, aunque el motivo es la cultura guaraní, donde también compré dos collares para mi colección.

En la última parte del recorrido ya no aguantaba más de cansancio así que me dirigí rápidamente al bus interno y a la entrada del complejo. Allí paré para almorzar y de paso descansar un poco porque aún me faltaba la “tanda de la tarde”.

Luego de almorzar crucé la carretera por donde había llegado para visitar el “Mundo de las Aves” una especie de zoo de aves, privado, donde se muestran aves de muchas partes de Brasil, ordenadas por región y también por ecosistema (pantanal, bosque húmedo, bosque seco, acuáticas, etc.).

Fue una visita muy interesante donde no paré de tomar fotos y video, especialmente de los tucanes que se acercaban a la gente amistosamente y de otras especies, raras algunas y conocidas otras. Los destaques fueron, nuevamente los tucanes, los loros de todo tipo, un ejemplar de águila harpía y las araras (guacamayas) de diversos tipos.

Como cada vez estaba más cansado salí casi corriendo del lugar y crucé nuevamente la carretera para tomar el bus hacia la ciudad. Llegué al hotel casi arrastrándome con la pantorrilla de la pierna derecho a punto de darme un calambre.

De más está decir que caí casi desmayado y me dormí inmediatamente, no sin antes haber revisado mi email y Facebook.

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Jueves 5 de mayo de 2011 – Foz do Iguaçú, Brasil

A la mañana siguiente me levanté con toda la calma, desayuné muy bien y después de despedirme del dueño del hostal, me dirigí caminando a la terminal de buses, donde compré mi pasaje para Foz do Iguacú y me subí al bus.

Al llegar a la frontera tuvimos que descender todos para sellar nuestros pasaportes en Migraciones argentinas, retomamos el camino, cruzamos el puente que une ambos países, Argentina y Brasil, y ya en territorio brasileño, el bus nos dejó ante Migraciones de Brasil, para sellar nuevamente la entrada en nuestros pasaportes y luego esperar (por casi media hora) por un nuevo bus, que nos dejaría en la terminal de buses de Foz do Iguaçu. Por fin ya en Brasil…!

A medida que el vehículo se iba adentrando en territorio brasileño y especialmente en los alrededores de Foz, me comenzó a impresionar el tamaño de la ciudad, mucho mayor que su contraparte argentina. Anduvimos por avenidas y calles por un buen rato hasta que el bus llegó, me dí cuenta, frente al puente que une Brasil con Paraguay, es decir frente a la famosa Ciudad del Este de Paraguay.

Esto me llamó la atención porque en este punto se bajaron todos y entonces le pregunté al chofer si esta era la rodoviaria… el me dijo que ese bus no iba a la rodoviaria y entonces recordé que en Foz habían dos lugares terminales de buses: la rodoviaria (para viajes internacionales y larga distancia) y la terminal urbana, para los viajes domésticos. El chofer me explicó que ya la habíamos pasado y que el había avisado, pero yo no lo había oído. Entonces, con la amabilidad característica de los brasileños, me dijo que me quedara en el bus que me llevaba en el viaje de vuelta hasta la terminal urbana… se lo agradecí y pocos minutos después me bajaba del bus en dicha estación, sobre la avenida JK (Juscelino Kubischek).

Ahora debía localizar el hostal, Natureza Foz, el que encontré caminando unas 7 u 8 cuadras… pero al fín llegué. Me dieron una habitación enorme, con 4 camas, elegí la más cercana al televisor y constanté que no había ninguna mesa donde poder trabajar, pero había notado en la recepción, ubicada en una sala muy grande que hacía las veces de comedor, un par de personas estaban con sus computadoras trabajando en mesas allí existentes. Así que durante los dos días de estadía en ese lugar me tuve que acostumbrar a eso, especialmente porque los conectores existentes allí, de tres patas, no concordaban con los míos y la única forma de conectar algo era usando una regleta que tenían allí en la recepción. La usé hasta para cargar las baterías de la cámara.

No demoré mucho en el hotel pues tenía solo dos días allí, así que, siendo las 12 del mediodía salí para hacer el paseo para conocer la Hidroeléctrica Binacional de Itaipú, algo tan enorme que me era difícil de imaginar.

Llegué a la terminal urbana e inmediatamente abordé un bus que iba en la dirección buscada. Llegamos a Itaipú en una media hora, después de recorrer medio Foz do Iguacú.

Ya la entrada, que cubría toda la carretera, impresionaba. Fui hacia el Centro de Visitantes para enterarme de la logístico. Allí me dí cuenta que es un atractivo turístico con todas sus características, especialmente excursiones (una panorámica, otra especial, un Museo Interactivo y una visita al Centro Ecológico). Además el sitio cuenta con sus buses panorámicos, su lanchonete (cafetería), su tienda de souvenirs, etc. Adquirí un pase para hacer el recorrido panorámico y la visita al Centro Ecológico por 30 Reis (18 dólares) y subí al segundo piso de un bus preparado para ese recorrido.

Todo lo que se ve hasta llegar a la represa es un extenso parque muy bien cuidado, con hierba y árboles mantenidos y caminos de acceso asfaltados en excelentes condiciones. Se parecía más a Disneyworld que a una hidroeléctrica.

En el bus, de dos pisos, se encontraba un relator que iba comentando en tres idiomas (portugues, español e inglés) lo que íbamos viendo. Por eso nos enteramos que un canal que se encontraba paralelo a la carretera, formado por pequeños obstáculos debajo del agua, lo que la hacía aparecer como agitada, era en realidad un canal diseñado para que los peces, río abajo, puedan subir a desovar en el lago de la represa. De esa forma contribuyeron a salvar numerosas especies que de otra forma irían a desaparecer. Primer punto a favor de los diseñadores de la represa…

Continuamos avanzando hasta que nos encontramos frente a una enorme mole de concreto que cubría todo nuestro horizonte: era la hidroléctrica, como un gigante amenazando nuestro recorrido. Hicimos una parada frente a la enorme mole (y a un puesto de bebidas y comidas muy estratégico) y luego continuamos con el bus pasando sobre la represa y viendo de cerca las diferentes partes de la misma: el canal de escape, la represa, las conexiones, la casa de máquinas, y una buena vista del Río Paraná, más allá de la represa, con lejanas siluetas de las ciudades de Foz do Iguacu (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay), separadas por el mencionado río.

A continuación algunos datos de esta obra:

DATOS DE ITAIPU BINACIONAL

  • Las obras comienzan en 1975, se abre el canal de desvío del Río Paraná.
  • Se hace el enrocamiento, es decir la base de la represa hecha con roca, sobre una base de arcilla. Se construye el edificio de control y se hacen las excavaciones principales. Inclusive se construyen plantas de concreto y de hielo (usado para retardar el fraguado del concreto). El concreto es la tercera capa (sobre las otras) de la represa.
  • De 1978 a 1982 se construyen la represa principal y la lateral derecha, el vertedero (escape) y la casa de máquinas.
  • Se comienza a formar el lago de reserva (reservorio),  de 187 kilómetros de largo, 1,350 kilómetros cuadrados de superficie y 192 metros de profundidad en su parte más honda. El tiempo planeado para llenarlo era de 90 días, pero en ese momento vinieron las mayores inundaciones en la región en 40 años y el reservorio se llenó en sólo 2 semanas (14 días).
  • Se crearon santuarios para albergar miles de animales rescatados en la operación Mymba Kuera (agarra animales en Guaraní).
  • En 1984 se pone en funcionamiento la primera unidad generadora.
  •  En 2007 se termina la obra, inaugurada por el presidente Lula, con la entrada en operación de las 2 últimas unidades.
  • Se comienza un proyecto con los pescadores locales para realizar cría de peces (de la región) en jaulas.
  • Para llegar a los 14 mil megavatios, su capacidad máxima de producción, Itaipú consumió mucha energía: en el auge de las obras hubo hasta 40,000 trabajadores empleados al mismo tiempo, se utilizó un volumen de concreto equivalente al necesario para construir 210 estadios como el Maracaná, hierro y acero como para construir 380 torres Eiffel, se hicieron 8 veces más excavaciones que para construir el Eurotúnel, y el vertedero (canales de escape) tiene una capacidad 40 veces mayor que el volumen medio de las Cataratas del Iguazú.
  • El agua cae 120 metros por tubos de 10 metros de diámetro, gira en caracol a 700 metros cúbicos por segundo, mueve turbinas de 3,300 toneladas, y genera 700 megavatios en cada unidad, el equivalente al consumo de 2.5 millones de casas.
  • Son en total 20 unidades que producen el 20% de la energía consumida en Brasil y más del 90% de la consumida en Paraguay.

Volvimos con el bus de dos pisos al Centro de Visitantes, donde unos pocos cambiamos de vehículo (una carroza semejante a la de las bananeras) tirada por un jeep. Con ella hicimos la Gira Ecológica, es decir una visita al Centro Biológico y el albergue de animales.

Comenzamos el recorrido con una nueva visión del canal de los peces, con una gran cantidad de capibaras (un gran roedor), tomando sol a la orilla del mismo. Nos cuentan del trabajo los científicos que han probado que los peces suben por ese canal para desovar en el reservorio.

Llegamos entonces al edificio del Centro donde científicos de diferentes especialidades trabajan por mejorar las condiciones ambientales del complejo. Me llamó mucho la atención que, para mantener las diferentes alas del edificio frescas han colocado sobre el techo capas de hierba cultivada y mantenida.

A seguir caminamos por un sendero de árboles cultivados y llegamos al área del albergue de animales, donde pudimos ver un águila, un jaguareté (especie de gato salvaje), una lechuza, un yacaré, un anta enorme, un par de ciervos con cuernos y un hermoso jaguar, que se acercó a nosotros, con una pared de vidrio de por medio.

La guía de la excursión nos contaba que algunos animales están en recuperación para ser sueltos en la naturaleza pero otros, lamentablemente, habían nacido o crecido desde muy pequeños en el centro y no estaban aptos para ello, por ejemplo el jaguar, que lo encontraron de bebé.

Volvimos al Centro de Visitantes y tomé mi bus de vuelta para la ciudad, aprovechando para cenar en el camino en una lanchonete, llegando al hotel casi anocheciendo.  Me dormí sumamente cansado y pensando en el próximo día, mi revisita a las Cataratas del lado brasileño.

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Miércoles 4 de mayo de 2011 – Puerto Iguazú, Argentina

Me levanté temprano pero no se porque fue pasando el tiempo y cuando me dí cuenta eran las 10 de la mañana.  Salí para tomar el bus que me llevaría al Parque Nacional Iguazú, en la estación terminal, que, por suerte se encuentra a sólo cinco cuadras del hotel.

Llegué a la entrada del Parque, presente mi control del día anterior y con eso pagué sólo la mitad, A$ 50.00 ($ 12.50).

Comencé mi programa de visitas en la Estación Central del trencito que une los diferentes recorridos, tomando el que me llevaría a la más lejana, Garganta del Diablo.

El trencito es todo abierto así que pude ir haciendo algo de video y fotografía en el trayecto que duró unos 15 minutos.

Al llegar a la estación mencionada comenzamos un largo recorrido por senderos elevados de madera, con barandas de seguridad, cruzando una región de ríos y espacios de tierra firme con vegetación típica del bosque subtropical. Esta región es la que se encuentra en la parte superior de las cataratas y toda esa agua que pasaba bajo nuestros pies sería luego parte de las innumerables caídas.

El fin del sendero se aproximó a la parte superior de la Garganta del Diablo, lugar impresionante donde una cantidad de agua inimaginable se junta para formar el mayor salto tanto en volumen como en tamaño de todo el conjunto. El ruido era ensordecedor y la vista dejaba a uno sin palabras. Además, desde este lugar se podía apreciar una parte del resto de los saltos ubicados más lejos.

Allá abajo, a unos 50 o 60 metros de donde nos encontrábamos, se podían divisar los caminos de los Circuitos Superior e Inferior y una gran cantidad de gente caminando por ellos, así como el río Iguazú, después de los saltos, un embarcadero de los botes de goma y parte de la Isla San Martín, ubicada frente al conjunto.

Después de numerosas fotos y videos (por suerte andaba con mi trípode pequeño), volvimos a la estación del trencito, donde subimos a otro que nos llevaría a la estación intermedia, Cataratas, donde pasaría la mayor parte de mi tiempo en el Parque, pues consta de dos senderos, uno el Circuito Superior y el otro el Inferior.

Comencé por el Circuito Superior, el más corto de unos 650 metros y nuevamente recorrimos por senderos elevados de madera una región donde la vegetación era más abundante pues nos encontrábamos ya con la influencia de los saltos y la humedad era muy alta. A medida que se avanzaba nos íbamos encontrando con diferentes saltos, en otro nivel que antes, aunque aún sin enfrentar la parte más baja de los mismos, que veríamos luego.

Fotografías y video abundantes nuevamente, a veces le pedía a alguien que me tomara una foto, así como también me lo pedían a mí, y otras veces, extendiendo el brazo, aprovechaba el lente gran angular de la misma para autoretratarme.

Al terminar este recorrido nos encontramos por todos lados con grupos de coatíes que andaban deambulando por los senderos en busca de comida, aunque estaba prohibido alimentarlos, ellos siempre trataban de conseguir algo…

Entre ambos senderos paré para comen un chipá y una soda y luego, siempre caminando, inicié el

Circuito Inferior, el más demandante. Y lo fué en verdad porque está formado no sólo por caminos elevados sino también por escaleras que nos hacían subir o bajar así como caminos sólidos en pendiente, los más cansadores.

Los caminos nos fueron llevando a través de un bosque similar al anterior y quedar al pie de muchos de los saltos con unos panoramas impresionantes hacia arriba y también hacia las tumultuosas aguas que partían de las caídas.

Desde allí pudimos ver la aventura de los botes de goma que se metían llenos de pasajeros, por un minuto, casi debajo de las más imponentes caídas, incluyendo la Garganta del Diablo. De más está decir que todos terminaban empapados (iban con capas) y que el bote tenía dos motores de gran potencia para poder entrar y salir en ese infierno de agua cayendo con violencia.

Volvimos algo mojados también pero no tanto como nos avisaron, especialmente porque en la última cascada nos acercamos tanto que nos llegaba el agua pulverizada…

Ahora, en lugar de tomar el trencito de vuelta, volví caminando por otro sendero terrestre, el “Sendero Verde”, similar al Macuco del día anterior, pero aquí me encontré con grupos de aves muy acostumbradas a los turistas (Urracas paraguayas) y muy coloridas, así como con un grupo de monos que hicieron las delicias de todos los que caminábamos el sendero. Ya al finalizar pude observar un hornero cerca de su típico nido hecho de barro.

Tomé el bus de vuelta para el centro de Puerto Iguazú y, antes de dirigirme al hotel, como ya era casi de noche, decidí comer en un restaurante que se encontraba en el camino, atraído por una oferta: surubí, un pez del Río Parana, a la parrilla. Hace mucho tiempo lo había comida y me había parecido muy rico.

En realidad lo comí a la mostaza y a la parrilla, acompañado de abundante salada de lechuga y tomate. Fue un verdadero manjar aunque sea un poco pesado, así que me fui caminando muy despacio, porque además estaba muerto de cansancio de haber caminado todo el día, llegué al hotel y me acosté rápidamente, después de haber revisado mi internet, para pasar mi última noche en Argentina.

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Martes 3 de mayo de 2011 – Puerto Iguazú, Argentina

Esta noche la pasé casi sin dormir… pensando y pensando… cuando volvería a ver a Pato, a Octavio, a Paula… a esta altura de la vida ya nunca se sabe.

Llegamos en poco más de media hora, luego de un recorrido por la Carlos Paz hasta la costanera. Pato me acompañó a la entrada de Aerolíneas-Austral, aunque previamente desayunamos en una cafetería del aeropuerto.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y con deseos mutuos de vernos nuevamente… me fuí con los ojos humedecidos, sintiendo que dejaba algo muy importante detrás mío, ojalá temporalmente…

Así que cuando sonó el despertador ya estaba levantado hacía un rato. Eran las 6:00 de la mañana cuando salimos, Pato y yo, en medio de una mañana muy fría, con rumbo al Aeroparque, donde mi vuelo para Puerto Iguazú saldría a las 7:55 am.

Ticket Buenos Aires-Puerto Iguazú Aerolíneas-Austral

El vuelo demoró un poco en salir pero a las 8:30 estábamos en el aire.

Fue un vuelo placentero, muy calmo, con el cielo muy claro aunque con el sol dando de lleno en mi ventanilla por lo que tuve que cerrarla después de sobrevolar el Tigre

Cuando ya estábamos para aterrizar, el capitán nos anunció una cortesía suya: daría un sobrevuelo sobre las Cataratas del Iguazú para que tomáramos fotos y video… Lamentablemente la visibilidad no era muy buena pues muchas nubes nos impidieron ver totalmente el espectáculo. Lo poco que vimos fue impresionante.

Aterrizamos pocos minutos después, eran las 10:30 am locales y, una vez en tierra, tomé un bus que hace el recorrido hasta Puerto Iguazú, a unos 25 kilómetros del aeropuerto.

Este servicio de buses, por 20 pesos (5 dólares), va dejando los pasajeros en sus hoteles… el mío Residencial Uno, un hostal pequeño pero apacible, donde tenía reservada una habitación privada por los próximos dos días.

Me registré, dejé mis cosas en la habitación y salí inmediatamente para comenzar con mis paseos. Para ello fue a la Terminal de Ómnibus local y tomé el transporte que se dirige a las Cataratas, donde llega después de unos 20 minutos de viaje.

Ya desde la entrada misma del Parque Nacional Cataratas todo me pareció muy diferente a como lo recordaba, parecía un parque del primer mundo. Todo muy ordenado y limpio, sus funcionarios, guardaparques y empleados de tiendas y restaurantes con su uniforme…

Pagué 100 pesos por el ingreso (unos $ 25) pero con una ventaja, el segundo día pagaría la mitad. Es una promoción que tienen para que la gente se quede dos días… inteligente.

Por ser un poco tarde, decidí hacer ese día uno de los paseos cortos programados: el sendero Macuco, partiendo de un costado de la estación Central.

Me olvidaba comentar, una de las novedades es que, para trasladarse a través de los tres sectores del parque existe un pequeño tren totalmente abierto que hace el recorrido entre las estaciones Central, Cataratas y Garganta del Diablo. Esta parte de los paseos la dejé para hacerla mañana todo el día.

Volviendo al Sendero Macuco, es una caminata de unos 7 kilómetros de ida y otro tanto de vuelta a través del bosque subtropical por un sendero bien marcado y señalizado, sin exageraciones lo que lo hace muy agradable. Solamente alcancé a hacer 3 kilómetros en cada sentido porque la hora en que cierran el sendero es las 3 de la tarde y no me daba para extenderme.

Lo único desagradable fue el constante ruido de los helicópteros que llevan turistas a hacer sobrevuelos de las cataratas. Parece que eso sucede en horas de la tarde solamente… me tocó sufrirlo.

El sendero es como muchos que he recorrido y las únicas cosas que me llamaron la atención fueron una hormiga enorme, algunos insectos y, casi al final del recorrido, ya de vuelta, fue un aguti (el conejo pintado de Panamá) que aquí no es pintado.

Al salir del sendero, ya en dirección a la salida, me comí un delicioso chipá en uno de los puestos de comida allí presentes.

Tomé el bus de vuelta y en unos 30 minutos estaba en el hotel, algo cansado pero feliz, esperando que el día siguiente fuera el gran día, pues la expectativa es ver las cataratas del lado argentino

donde el espectáculo es el mayor de mi estadía en ambos lados.

Trabajé un poco en internet y luego me dormí rápidamente.

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Lunes 2 de mayo de 2011 – Caseros, Buenos Aires, Argentina

Este sería mi último día en Buenos Aires y, por eso decidimos hacer de todo… por suerte el día amaneció soleado aunque algo frío…

Los planes eran ir a Santos Lugares, a visitar la casa donde vivió Ernesto Sábato, luego a San Telmo y finalmente a la Boca… especialmente al Caminito.

Santos Lugares es en realidad la localidad vecina a Caseros por lo que llegamos en quince minutos. La casa de Sábato se encuentra frente a las instalaciones del Club Defensores de Santos Lugares (no de fútbol sino social).

En un terreno amplio, con un frente lleno de vegetación sin ordenar (algo como mi casa) más pareciendo un bosque que un jardín, la casa se encuentra al fondo del mismo, pintada de color crema.

El frente está cerrado por una verja donde todos los que han venido en estos días han dejado flores, carteles, camisetas de su club favorito (Estudiantes de La Plata), mensajes, cartas, dibujos, etc.

Fué muy emocionante para mí estar allí en esos instantes y recé por su alma con convicción.

De allí partimos para San Telmo, el barrio de Buenos Aires que siempre recuerdo por su Plaza Dorrego donde los domingo se celebra una feria de antigüedades muy famosa. Allí compré, cuando vivía en Montevideo, una de las cámaras fotográficas antiguas que tengo como colección.

Pato estacionó el auto a dos cuadras de la Plaza y fuimos caminando por esas calles llenas de recuerdos, de edificios antiguos de una arquitectura muy rica en detalles y muchos de ellos conservados hasta hoy.

La Plaza Dorrego estaba en realidad ocupada por mesas de los restaurantes cercanos, así que, por ser lunes, el panorama era totalmente diferente del recordado.  Todo lo que hicimos pues, fue tomar algunas fotografías, especialmente de las casas que rodean la plaza y luego retornamos a buscar el carro que habíamos dejado estacionado. En el trayecto aproveché para hacer más fotos de la arquitectura del lugar.

Saliendo de San Telmo nos dirigimos hacia La Boca, a pesar de las protestas de Pato, hincha acérrimo de River, la contra… Nos estacionamos en las cercanías del sitio más emblemático del lugar y posiblemente uno de los más atractivos para los turistas: el Caminito.

Recorrer el Caminito es verdaderamente volver atrás en el tiempo, a mi época de juventud. Nada ha cambiado allí, quizás los personajes de hoy en día. Antes eran el tango, las casas pintadas de varios colores, los homenajes a Quinquela Martín, el pintor de La Boca, a diversos artistas ya fallecidos, a Eva Perón… Hoy se ha agregado la figura de Maradona, el ídolo más grande de los fanáticos xeneixes…

En una esquina, una pareja le presta su ropa de bailarines de Milonga y de Tango, a los turistas para que se tomen una foto en una pose que ellos le indican, claro, a cambio de unos pesos…

Un poco más adelante un tipo disfrazado de Maradona, se me acerca y me dice: che, querés sacarte una foto con Maradona? (claro, pagando). Le respondo inmediatamente: no, a ese le tengo rabia porque por culpa de él Argentina hizo un mal mundial… y lo dejo protestando con palabras fuertes….

Pato me toma una foto en una esquina típica del Caminito… para mis amigos.

Por todos lados hay artistas (pintores, escultores) vendiendo a una cantidad bastante apreciable de turistas sus trabajos.

En el balcón de un edificio con los colores de Boca Juniors (azul, amarillo y azul), se asoman dos muñecos personificando uno a Maradona y el otro a Evita…

Cuando terminamos el recorrido del Caminito nos detenemos en un Restaurante en la puerta de una galería, para almorzar: muchas empanadas, de carne, de humita, de pollo, hmmm

Ahora me doy cuenta que, además de estar revisitando familia, amigos y lugares, también lo estoy haciendo con algunas comidas: ya me he hartado de medialunas (croissans) dulces, saladas, de dulce de lecha, ya he comido innumerables empanadas especialmente de humita y de carne, ya me he deleitado con un riquísimo bife de chorizo… qué me falta?

Después de almorzar nos asomamos al inmundo (sigue igual o peor) Riachuelo, con su color indescifrable, su olor nauseabundo y una cantidad enorme de basura en su superficie. Continúa siendo una de las cartas de presentación de La Boca.

Partimos de La Boca con una sensación de que allí el tiempo nunca pasa y que todo, excepto por la presencia de Maradona, sigue igual que hace treinta años… Llegamos a Caseros ya de noche y nos quedamos aún conversando un poco, los últimos momentos de nuestro reencuentro.

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Domingo 1 de mayo de 2011 – Caseros, Buenos Aires, Argentina

Este día, al saber que todo estaría cerrado, resolvimos no hacer nada de nada… es decir levantarse muy tarde, ver televisión y usar la computadora. Eso me vino bien para mi resfrío.

Solo salimos de la casa para ir a almorzar en el único restaurante que debía estar abierto en la zona de Caseros. Allí nos encontramos (Paula, Pato, Octavio y yo) con la familia de Paula (sus padres, su hermana y una tía).

Comí un bife de chorizo con ensalada… que delicia. Al terminar nos volvimos porque continuaba lluvioso y con un frío del carajo.

El día continuo lluvioso y nosotros viendo televisión y conversando bastante hasta que llegó la hora de dormir.

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Sábado 30 de abril de 2011 – Caseros, Buenos Aires, Argentina

Al despertarme en la mañana comprobé que, aunque el cuerpo lo tenía mejor, la garganta estaba fatal, con dificultades para hablar…

Encendí el televisor para ver algunas cosas antes de salir de mi cuarto y me enteré por las noticias locales del lamentable fallecimiento de Ernesto Sábato, durante la madrugada, a los 99 años (menos de dos meses para cumplir los 100). Sábato vivía enclaustrado en una casa de la localidad de Santos Lugares, vecina a Caseros. Siento realmente mucho esta desaparición pues hace muy pocos días, en Bocas del Toro, estaba leyendo su último libro, acerca de su viaje por España, y además uno de mis escritores favoritos durante mi juventud… Que en paz descanse…

Cuando finalmente salí del cuarto me fui a afeitar y bañar y, posteriormente, a desayunar con Octavio, Pato y Paula. Nos pasamos la mañana cada uno en su computadora y luego Paula salió para visitar a su mamá cerca de allí. Nosotros tres continuamos compartiendo tanto con las computadoras como conversando hasta que se hizo la hora de ver el juego de Real Madrid-Zaragoza.

Fue un día muy tranquilo. Estaba muy frío afuera y lloviendo así que nos quedamos todo el día dentro del apartamento, con nuestros computadores haciendo de todo.

A la noche Pato encargó empanadas (mmmm…) para todos y yo me dí un banquete con las de humita… además nos trajeron de carne, de pollo y de jamón y queso…

Sigo resfriado y parece que los medicamentos que estoy tomando no me hacen absolutamente nada. Antes de dormir ví un poco de televisión en mi cuarto (el de Octavio, quien está durmiendo con sus padres).

Es una habitación típica de un niño de su edad (11), llena de cosas por todos lados, en las paredes, en la biblioteca, en una escalera hacia un altillo… me encanta. Me hace recordar a mi casa en Lomas hace muchos años atrás.

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Viernes 29 de abril de 2011 – Banfield/Caseros, Buenos Aires, Argentina

Esta mañana me desperté definitivamente resfriado, por eso, después de desayunar, fui con JC a comprar una medicina a unas 5 cuadras de su casa. Me dieron unas pastillas bio-grip plus que espero me mejoren porque el día está frío.

Estuvimos tomando algunas fotos, incluyendo a los animales, ya que Pato vendría a buscarme al mediodía.

También estuvimos con JC trabajando en el computador, explicándole el programa editor de HTML y el Flash Slidemaker…

Patricio llegó finalmente casi a las 2:00 pm, con Octavio, y después de despedirme de JC partimos hacia Caseros en el auto de mi hijo.

Viajamos por la avenida Carlos Paz y finalmente, después de una media hora, llegamos a su casa, un apartamento en una de las calles principales de la localidad bonaerense.

El resfrío me tenía mal y, después de comer unas empanadas que fuimos a buscar a una pizzería cercana, me acosté a dormir y descansar, cosa que hice casi toda la tarde…

Me desperté a las 7:00 pm locales y al poco rato llegó Paula… Estuvimos conversando mucho tiempo y viendo televisión y luego trabajando con el computador hasta que llegó la hora de cenar. La comida (pollo con ensalada) fue encargada afuera y la trajeron al edificio.

Después de cenar tomamos un café y continuamos conversando hasta que yo, que ya estaba muy cansado especialmente por el resfrío, me fui a dormir, en el cuarto que Octavio me cedió durante mi estadía en su casa, aunque en realidad me quedé viendo televisión como hasta la medianoche, cuando decidí dormir.

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Jueves 28 de abril de 2011 – Banfield, Buenos Aires, Argentina

Hoy me levanté mucho más temprano, 8:15 (6:15 panameñas) y, después de bañarme y afeitarme ya me estaba esperando JC con el desayuno, nuevamente café con leche y medialunas, una salada y la otra dulce, que completé con un Activia.

Estuvimos trabajando casi toda la mañana con programación web, luego formateándole un disco externo para pasarle una serie de programas que le pueden ser útiles.

Al mediodía salimos en su carro para comprar empanadas y, de paso, llegamos hasta Lomas para visitar mi antiguo barrio, ver la casa en la que me crié en José Verdi 38, al fondo de Laprida (está casi igual) y, finalmente pasar por adelante de la cancha de Los Andes, donde tomé algunas fotos pero no pude entrar pues estaban todos los portones cerrados.

Ambos barrios, originalmente con edificaciones bajas, están totalmente diferentes con muchos negocios y edificios más altos.

Por fin, nos dirigimos a Banfield donde compramos una docena de empanadas (de carne, de humita y de jamón y queso) y con ellas nos volvimos a la casa donde nos comimos la mitad entre los dos.

Después de ver un partido de fútbol por televisión nos dedicamos un poco más a ver la programación de páginas web. Como siempre, a las 6:30 pm llegó Daniela y se puso a preparar, con la ayuda de JC, la cena a la que asistirán también un viejo amigo de la época del tenis en el Country Club, Tito Fossatti, y su pareja actual.

Estos llegaron como las 9:00 de la noche y cenamos rememorando los tiempos del Country, con multitud de anécdotas e infinidad de recuerdos que disfrutamos y que nos hicieron pasar el tiempo muy rápidamente hasta que, a la 1:00 am de la noche se despidieron de nosotros, especialmente de mí quien partirá mañana hacia Caseros, a compartir con Paula, Patricio y Octavio… Patricio llamó para combinar la hora de venir a buscarme, quedando que sería al mediodía…

Me acosté, ya con mucho sentir por dejar a estos amigos tan queridos y con los que no tuve contactos por muchos años… eran las 1:18 am local.

 

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